Casi dos meses después de mi último comentario, aparezco de nuevo en este blog subterráneo para compartir, mis queridos drugos, toda clase de opiniones, pensamientos y exabruptos sobre lo humano y lo divino. Y sólo algo muy poderoso podía motivarme lo suficiente como para retornar a éste mi querido diario público. Y el asunto en cuestión es una entrevista, la que mantuvo el que suscribe con un director mítico del cine español e internacional. Un subterráneo de los pies a la cabeza: Jesús, o Jess, Franco.
El máximo representante del fantástico y del terror de serie B made in Spain compartió durante más de media hora algunas de sus vivencias y experiencias con este humilde periodista. Y fue media hora de auténtico disfrute. Junto a su inseparable compañera Lina Romay, muy atenta a toda la entrevista, el "tío Jess" me explicó que, aunque no le gustan las etiquetas, eso de "cine caspa" lo acuñó él mismo, y que comenzó porque trabajó durante un tiempo con un productor portugués que tenía, precisamente, eso, mucha caspa; hablamos de algunos de sus actores fetiche, como Klaus Kinski y Christopher Lee, y de lo mal que le sentó que el productor le impusiera a Romina Power para encarnar a la Justine del Marqués de Sade; me confirmó que pudo haber trabajado para la American International, la productora del mítico Roger Corman, tras el éxito de su primera película importante, Necronomicon; se explayó con el gran Luis Buñuel, a quien conoció después de que el Vaticano les calificara a ambos "peligrosos para la moral cristiana"; tildó de "canallada" la famosa "Ley Miró" de los 80, que buscaba la calidad frente a la cantidad, pero que, para Franco, se cargó la industria; se regocijó contándome que llegó a ser un buen músico de jazz, su otra gran pasión junto al cine...
Hubo más temas, más recuerdos, más preguntas, y también otras muchas que se quedaron en el tintero por falta de tiempo. Pero antes de terminar, me aseguró que a pesar de sus casi 77 años, seguirá haciendo cine, porque para él, es como respirar. También le pregunté si se veía con un Goya honorífico tras una vasta trayectoria de más de 200 irreverentes y psicotrónicas películas, y me respondió riendo que no, que el Goya pesa mucho.
Al fin y al cabo, el Goya ya se lo llevan otros, aunque se queden en casa viendo la gala por la tele.