Segundo artículo del blog y tengo que hablar de Pink Floyd. No, si mi novia tiene razón, qué raro que termine hablando de Pink Floyd. Sí, sí, lo reconozco. Dice también que soy como el Día de la Marmota, donde se repetía siempre el mismo día, la misma jornada, las mismas situaciones. Que buena película, eh? Si alguno no la ha visto que no se duerma en los laureles. El Día de la marmota es, en realidad, "Atrapado en el tiempo", una de las mejores comedias de los 90, dirigida por Harold Ramis. Por cierto, curioso caso éste de título original -"Groundhog Day"- que al final, termina cuajando más que el puesto por los distribuidores españoles -"Atrapado en el Tiempo"-.
Ese personaje amargado, fanfarrón y desagradable que, sin embargo, nos cae irremediablemente simpático sólo podía ser encarnado por el sinpar Bill Murray. El actor que mejor demuestra que "menos es más". Con el mínimo gesto (un levantamiento de ceja, un torcimiento labial, o simplemente una marmórea cara de póker) Murray transmite un montón de cosas, la mayoría relacionadas con "qué jodido estoy" o "este tio que tengo delante es imbécil". Impagable su despertar en "Atrapado en el tiempo": una mañana sí y otra también en su radio-despertador suena ese "I got you, babe" de Sonny and Cher y él abre los ojos con una parsimonia y una resignación que terminan por pasar el mal rollo al propio espectador de la película.
Murray nos ha legado ese rostro impenetrable (con permiso de la peli de Brando)en numerosas pelis: clásicos ochenteros como "Los fantasmas atacan al jefe" y "Cazafantasmas" (por cierto, junto a Harold Ramis, posterior director de "Atrapado en el tiempo"), "La chica del gangster" (intento frustrado de cambiar de registro), "Ed Wood" ( otro friki que añadir en la extensa galería de Tim Burton), "Vaya par de idiotas" (desternillante cuando se le levanta el pelo pegado mientras juega a bolos con Woody Harrelson), y por supuesto, la pequeña joya que le relanzó artísticamente (y gracias al empeño de Sofía Coppola), "Lost in Translation", en la que volvía a ensayar su careto de siempre, pero esta vez, con un efecto más triste y agridulce ( y con los mismos óptimos resultados que cuando pretende "sólo" hacer reír). Sin embargo, el bueno de Murray no aplicó sus innegables dotes actorales cuando, nominado al Oscar por "Lost in Translation", se anunció que el ganador era Sean Penn por "Mystic River". Qué mal disimulaste, Bill. Tu cara de pocos amigos le haría tragar saliva a cualquiera que estuviera delante de tí en ese momento.
Pero da igual; tu trayectoria desde el mítico "Saturday Night Live" hasta "Broken Flowers" nos ha hecho reír a varias generaciones. Y parece que, ahora que peinas canas, muchos te reivindican no sólo como un chistoso, sino como un gran actor.
Después de esta enorme digresión "billmurrayiana", vuelvo a recordar la necesidad de ver o rever "Atrapado en el Tiempo". No conozco a nadie al que le haya defraudado este comedión.